
Dedicado a Alanita.
Un día, el Oso Curioso venía caminando y vio un árbol enorme repleto de unas frutas redondas y rojas. Y como era muy curioso, se preguntó:
—¿Cómo se llamará esta fruta? ¿Se podrá comer?
Como no lo sabía, pero quería averiguarlo, agarró una de las frutas y se la llevó.
Iba el Oso con su fruta caminando por el campo y de pronto escuchó un sonido: «toing, toing, toing». Era el señor Conejo, que venía saltando.
—¡Hola Conejo Viejo Viejo! —le dijo el Oso. –¿Cómo estás?
—Bien, Oso Curioso, pero estoy apurado porque llego tarde a tomar el té.
Entonces, el Oso le mostró la fruta redonda y roja.
—Señor Conejo —le dijo— ¿usted sabe cómo se llama esta fruta?
—No —dijo el Conejo—, pero si le preguntas a la Ardilla que vive en los árboles, ella seguro que sabe.
Entonces el Oso se fue para el bosque, que es donde hay más árboles y más ardillas. De pronto, escuchó sonidos que venían de las ramas, como uñas diminutas golpeteando y golpeteando. Y de pronto, la vio. Era una ardilla pelirroja.
—Hola, señora Ardilla —dijo el Oso Curioso. —¿Cómo le va?
—Bien, pero estoy muy ocupada juntando comidita para el invierno —le respondió la Ardilla.
—¿Usted sabe cómo se llama esta fruta? —preguntó el Oso, mostrándosela.
La Ardilla se acercó. La olió, la miró y hasta la mordisqueó, pero no supo qué fruta era.
—No —dijo la Ardilla—, pero si le preguntás al Búho, que vive en lo profundo del bosque y es muy sabio y muy viejo, él seguro que sabe.
Entonces, el Oso se fue a lo profundo del bosque donde estaba todo silencioso y oscuro. Y de pronto, vio dos ojos enormes y amarillos que lo miraban desde las sombras. Y se asustó.
Pero entonces escuchó una voz que le decía:
—Hola Oso Curioso, ¿cómo estás?
—¡Ay, señor Búho! —dijo el Oso. —¡Qué susto que me dio usted!
Entonces el Búho bajó volando del árbol y el Oso le mostró la fruta y le preguntó si él la conocía.
—Claro que la conozco —dijo el Búho—, se llama manzana. Se puede comer cruda, cocida, bañada en caramelo con pochoclo, en compota, en tarta, en torta, se puede tomar el jugo o la sidra, se puede comer entera o en gajos, o en cuadraditos, o como usted quiera.
—¡Qué bueno! —dijo el Oso. —¡Muchas gracias!
Entonces el Oso Curioso se fue para su cueva. Pero antes, pasó por el manzano y se llevó un montonazo de frutas para comer. Y cuando llegó, se las comió todas y se fue a dormir, porque los Osos se pasan todo el invierno durmiendo calentitos en sus cuevas.
