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Entropía

Para las personas sensibles, el silencio no existe. Todo depende del valor que le da uno a los sonidos que escucha. Para la mayor parte de la gente, se hace silencio cuando alguien apaga un televisor, o cuando un niño se queda dormido. Pero para la gente sensible, el verdadero silencio es inalcanzable. Porque para un hombre sensible, el viento tiene una voz, las olas del mar también, el vuelo de los pájaros, los murmullos lejanos que se escapan de conversaciones ajenas. Las llamadas de los animales, como voces desesperadas que buscan compañía, perdidas en la inmensidad de un mundo incomprensible, demasiado vasto y complejo como para caber en su diminuta red de reacciones e instintos que en ellos cumple las funciones del pensamiento. El mundo nunca se calla, no realmente, pero hay veces que alcanza cierto nivel de armonía con nuestros pensamientos, con las vibraciones imperceptibles de los vaivenes de cada alma. Es en ese momento cuando somos capaces de los pensamientos más profundos, de las revelaciones importantes. No es sencillo alcanzar ese estado de Paz. Es tan preciado, que cuando Jesús regresó, investido de todo su Poder y su Gloria de la muerte, ése fue el primer regalo que les dio a sus Apóstoles; o por lo menos, el más importante. Cuando la gente piensa en la paz mundial, se refiere simplemente al cese de los conflictos armados a nivel global. Pero sería lindo pensar en una Paz Mundial, un momento en que todos los pensamientos, todas las Almas entren en armonía. Donde todos juntos, y al mismo tiempo, tengamos un instante breve de inspiración que nos permita darnos cuenta.
Eso es todo. Darnos cuenta. Comprender.
Yo sé que el Diablo se ríe cada vez que alguien pronuncia en voz alta deseos parecidos. Se ríe con su carcajada vieja y gastada, con ese sonido que parece el arrastrarse lento de los zapatos de un muerto. Se ríe confiado, porque cree que tiene la partida ganada. Viví toda mi vida deseando –no recuerdo otra cosa que haya deseado más- que no tenga razón. De alguna forma, todos mis deseos han tenido que ver con eso siempre. Y creo que en el fondo, es lo que deseamos todos. Que la Muerte sea una mentira, que se pueda abrazar algún día a los que se fueron, que la verdadera naturaleza del hombre no encuentre su raíz en la violencia, que la segunda ley de la termodinámica se equivoque y que se pueda crear orden del caos sin que eso signifique crear incluso más desorden.
Al Diablo –que no existe, y eso es lo que le causa más gracia-, le encanta un chiste que suele contar la gente. Se desternilla de la risa cada vez que lo escucha, se ríe hasta que siente que sus pulmones se le van a salir por la boca, que le duele el diafragma y se atraganta. Y aún así, llora, porque no puede parar de reír, se sigue riendo con su carcajada vieja y gastada, y cada vez que piensa en el chiste, se vuelve a tentar… y eso le encanta.
El chiste es sencillo, y lo conocen todos.
“Todo pasa por alguna razón”.