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Hijo del Desengaño

Yo soy el Hijo del Desengaño.

No creo en Dios, porque sé que las cosas suceden por simple azar, porque no hay Ángel que nos proteja, porque no hay esperanza cuya concreción esté asegurada y porque si hay una lógica detrás del mundo es precisamente que este carece de lógica.
No tengo amigos, porque sé que al final a uno todos lo traicionan, porque todos los secretos se revelan, porque no hay lealtad en el mundo, porque detrás de toda corrección fraterna sólo hay prejuicios y envidia y porque si uno hace algo para ayudar a otro no lo inspira el amor sino las ganas de sentirse importante.
No busco nada en la vida, porque sé que toda gesta es inútil, porque al final nos terminará venciendo el olvido y la muerte, porque nos perderemos en los océanos del tiempo, porque lo mismo dará que no hubieramos existido y porque por ello todo esfuerzo, incluso el de atarse a la vida, es perfectamente inútil.
No tengo recuerdos, porque sé que el pasado es una ilusión: uno no sabe cómo sucedieron las cosas, y si lo sabe, lo recuerda mal. No tengo futuro, porque sé que todo plan es inútil: las cosas nunca salen como uno quiere. No tengo amores, porque siempre terminan en traición, o lo que es peor, en el olvido. No tengo sueños, porque sé que son mentiras.

E incluso lo es esta argumentación. Si tan inútil me parece todo, ¿para qué te cuento estas cosas?

Vivir sin fe es imposible… uno siempre termina creyendo en algo.

Yo creo en vos.